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¿Por qué no un final feliz?

15/07/2019

Cada vez son más las personas mayores de otros países que deciden vivir en España, sobre todo en zonas de costa y pueblos, donde según ellos, pueden disfrutar de nuestro clima y encontrar tranquilidad en esta fase de su vida. A la mayoría de estas personas les encanta la naturaleza, el campo y la playa. Viven solas y generalmente en zonas aisladas de la ciudad. Hoy os traemos una historia de una usuaria de Atenzia, natural del norte de Europa.

Kate de 70 años y con varios problemas de salud, vivía con sus dos perros en un pueblo costero aislado de la ciudad. Estos animales eran su única compañía, puesto que no mantenía ninguna relación con su familia.

Cuando llegamos a su vida a través de la teleasistencia, nos dimos cuenta de que necesitaba ayuda. No podía desplazarse al supermercado o a la farmacia porque le quedaba lejos, ni limpiar su casa de forma adecuada por sus limitaciones físicas. Tenía una enfermedad del aparato digestivo e ingresaba con cierta frecuencia en centros sanitarios, mientras que sus perros se quedaban en casa sin poder ser atendidos porque no tenía a nadie que pudiera hacerse cargo de ellos.

Nuestro equipo inició un protocolo destinado a que se pudiesen atender sus necesidades básicas como que el supermercado y la farmacia más cercana le llevaran su compra y medicamentos a casa, que una ONG de residentes extranjeros la visitara una vez por semana, y que cuando fuese trasladada al hospital, un refugio se encargara de sus animales.

A medida que pasaba el tiempo, ella comenzó a necesitar cuidados más específicos, en algunas ocasiones, los vecinos de la localidad se la encontraban deambulando entre pinos y acantilados. Al estar desorientada, apenas le salían las palabras, solo hablaba inglés con algunos voluntarios de la ONG que la visitaban y con nosotros.

La movilización de los equipos sanitarios era diaria y con frecuencia, a veces de una a tres veces al día. Kate precisaba ya de cuidados especiales para su enfermedad. Desde Atenzia gestionamos su ingreso en un centro adecuado a sus necesidades, donde pudiera estar cuidada por especialistas y expertos, no le faltase apoyo y fuera feliz en compañía de otras personas.

Ella está muy agradecida y nosotros nos sentimos muy satisfechos por hacer que la historia de Kate tuviese un final feliz.

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