
Aunque los seres humanos somos animales sociales por naturaleza, seguimos empeñados en resaltar nuestras diferencias en lugar de lo que nos une. Por norma general, nos relacionamos por grupos de edad por contexto y costumbre, pero muchas veces nos es más fácil tratar con personas de generaciones distintas en lugar de con nuestros coetáneos.
En este artículo, te contamos por qué las relaciones intergeneracionales son enriquecedoras para quienes las viven y de qué formas pueden surgir nuevos vínculos en nuestras sociedades.
Son los vínculos que establecemos entre las distintas generaciones e implican un intercambio de conocimientos, perspectivas y experiencias muy enriquecedor para las personas involucradas. A excepción de nuestro núcleo familiar, todavía es muy infrecuente que se produzcan estas relaciones intergeneracionales, pues los espacios sociales se organizan segregando a los grupos de edad.
Romper estereotipos y abrazar la solidaridad intergeneracional es fundamental para cultivar estas relaciones tan valiosas. Es muy importante tener claro que la edad no determina la calidad del vínculo, sino que lo vital es que exista una intención sana entre las personas implicadas y que compartan más cosas de las que los prejuicios pueden separar.
Los beneficios más destacados de las relaciones intergeneracionales son:
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Impulsar actividades en nuestra comunidad y crear espacios de encuentro son formas de promover la convivencia entre personas de distintas edades. Un aspecto fundamental para que surja la solidaridad intergeneracional es poner el foco en los intereses, valores y sueños en común, en lugar de centrarse en qué diferencias existen entre grupos de edad.
La educación y un hogar sensibilizado con todos los grupos de edad es también clave para que nazcan estas relaciones. Tanto docentes como padres desempeñan un papel esencial a la hora de transmitir a los más pequeños valores como el respeto y la importancia de aprender de las generaciones anteriores.
Del mismo modo, las instituciones deben facilitar y promover espacios de reunión intergeneracional. Esto puede llevarse a cabo en centros comunitarios, visitas escolares a residencias de mayores, programas de convivencia en alojamientos compartidos, iniciativas de acompañamiento (como es el caso de Salamanca Acompaña), centros educativos de enseñanza superior o talleres.
Los programas de voluntariado son uno de los escenarios más habituales donde nacen de forma natural estas relaciones. Pueden darse en aquellos en los que los jóvenes ayudan a personas mayores —acompañamiento, visita a hospitales o residencias— o en iniciativas donde los adultos mayores participan activamente en un voluntariado.
Otra actividad tan atractiva como efectiva es el intercambio de habilidades y conocimientos. Los jóvenes reducen la brecha digital al enseñar a las personas mayores el uso del móvil, las redes sociales u otro tipo de herramientas tecnológicas. Por otro lado, las personas mayores pueden compartir sus conocimientos sobre oficios, cocina, confección, jardinería, artesanía... entre otros.
Los juegos de mesa son otra opción cada vez más valorada y que, sin duda, promueve un entorno relajado, distendido y que iguala a todas las personas participantes. Cualquier intercambio de los arriba mencionados tienen algo en común: todos generan experiencias compartidas en el que ambas partes se sienten valoradas y respetadas.
Algunos ejemplos sencillos de actividades intergeneracionales que puedes proponer son: ver documentales o series, rutas por la ciudad/pueblo, ir a tomar un café, talleres artísticos o de idiomas, eventos culturales, clubes de lectura, escuelas de teatro, cursos para personas mayores,... En definitiva, todo lo que se ajuste a tus necesidades e intereses para que te sientas a gusto con la actividad realizada.

Existen varias barreras que pueden dificultar las relaciones intergeneracionales. Las principales son el edadismo, los estereotipos, la brecha digital, la falta de espacios y oportunidades de encuentro, la transformación de los núcleos familiares, las barreras físicas o el aislamiento social.
El impacto social de las relaciones intergeneracionales es muy positivo. Con ellas, se rompen estereotipos, se promueve el aprendizaje mutuo, se mejora la salud emocional y se reduce la soledad no deseada.
No, las relaciones intergeneracionales no benefician solo a las personas mayores. Todos los grupos de edad encuentran ventajas cuando se rompen barreras edadistas: aumenta la empatía, la responsabilidad social y se establece una relación más sana con el envejecimiento.
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