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¿Por qué las personas mayores sienten más frío?

01/04/2022

Mujer mayor con abrigo y bufanda en medio de un paisaje nevado

Normalmente, la temperatura corporal de las personas se sitúa entre 35,8 y 37,2 ºC. Para conservar esta temperatura, el cuerpo pone en marcha una serie de mecanismos que se encargan de equilibrar la producción de calor y su pérdida.

Sin embargo, en la tercera edad es frecuente sufrir una serie de cambios en nuestro organismo que alteran este sistema de termorregulación corporal. En este artículo te explicamos por qué las personas mayores tienen tanto frio y consejos para combatir la disminución de la temperatura corporal y sus consecuencias.

Factores que influyen en la sensación de frío

Los estudios han demostrado que las personas mayores tienen una temperatura corporal más baja en comparación con otros grupos de edad. De hecho, la edad es uno de los factores que influyen en la sensibilidad de las personas ante el frío.

En este sentido, el envejecimiento conlleva un deterioro natural que afecta a la capacidad termorreguladora de nuestro organismo. Ya sea por el descenso en la tasa metabólica, el adelgazamiento de la capa de grasa debajo de la piel o la pérdida de elasticidad de los conductos sanguíneos, los mayores tienen más dificultades para generar y conservar el calor corporal.

Por otra parte, hay ciertos factores que influyen en que las personas mayores sean más sensibles al frío y que, aunque son frecuentes en la tercera edad, no son consecuencia del envejecimiento. Por ejemplo:

  • Mala circulación de la sangre.
  • Enfermedades cardiovasculares.
  • Problemas de la tiroides.
  • Anemia.
  • Diabetes.
  • Colesterol alto.
  • Efectos secundarios de ciertos medicamentos.

Todos estos factores o la suma de varios de ellos pueden explicar por qué las personas mayores tienen tanto frio en una habitación que se encuentra a una temperatura cálida para alguien más joven. 

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Consecuencias del frío en personas mayores

En invierno, las personas mayores deben cuidar que su temperatura corporal no llegue a niveles muy bajos, lo que es un riesgo para su salud. De hecho, la consecuencia principal del frío en adultos de edad avanzada es el agravamiento de afecciones que ya padecen, sobre todo, las siguientes:

  • Artrosis.
  • Reumatismo.
  • Dolores musculares y óseos.
  • Enfermedades cardiovasculares.
  • Trastornos respiratorios.

Asimismo, el frío también repercute en la salud mental y emocional de los mayores, lo que puede provocar la aparición de ciertos trastornos psicológicos o afectivos. En este sentido, el agravamiento de los dolores, ciertas enfermedades y el estado de ánimo pueden reducir la actividad diaria, desembocando en el aislamiento social y el sedentarismo.

Hombre mayor cruzando la calle durante una tormenta de nieve
Debido a que las personas mayores tienen tanto frio, durante el invierno corren mayor riesgo de sufrir trastornos como la depresión.

Consejos para combatir el frío las personas mayores

Ante la sensación de frío, es común experimentar respuestas de nuestro cuerpo como temblores, hormigueos, “piel de gallina” o palidez. No obstante, si las temperaturas bajas son muy intensas, podemos sufrir otros síntomas más graves como somnolencia, confusión, descenso en la velocidad del habla, desorientación o respiración lenta.

Todas estas son señales de una posible hipotermia, por lo que es importante actuar rápidamente si una persona mayor siente frío. Aquí te mostramos algunos consejos para mantener a las personas mayores calientes y prevenir las consecuencias que puede provocarles un descenso de la temperatura corporal.

Aplicar calor en las articulaciones

Una de las partes del cuerpo que más sufren a consecuencia del frío son las articulaciones. En este sentido, las bajas temperaturas entumecen y contraen los músculos, aumentando el riesgo de contracturas y dolencias.

Ante esta circunstancia, lo principal es reactivar el flujo sanguíneo en las articulaciones afectadas, mediante masajes y aplicando calor. Concretamente, las terapias de calor son muy beneficiosas para aliviar los dolores articulares y la rigidez muscular, síntomas de trastornos como la artrosis, que se ven agravados a consecuencia del frío.

Por ejemplo, los baños de parafina son un tratamiento de calor muy recomendable para personas que sufren de artrosis en las manos o pies.

Evitar las horas de más frío

Debido a que las personas mayores tienen más dificultades para regular su temperatura corporal, salir a la calle cuando hace más frío es un riesgo para ellos, aunque vayan bien abrigados.

Por este mismo motivo, es recomendable que los adultos de edad avanzad eviten todo lo posible experimentar cambios bruscos de temperatura, por ejemplo, al salir directamente de un sitio con calefacción a la calle.

En este caso, lo mejor es quitarse la ropa de abrigo en la estancia y ponérnosla al abandonarla para adecuarnos a la nueva temperatura con la ropa.

Realizar actividad

La actividad física en la tercera edad es fundamental para evitar muchas de las consecuencias que pueden darse porque las personas mayores tienen tanto frío. Es decir, una rutina diaria de ejercicio ayuda a prevenir enfermedades cardiovasculares, reforzar los huesos, cuidar las articulaciones y mejorar el estado de ánimo, entre muchos otros beneficios.

No obstante, si el estado de salud del mayor le impide realizar ciertas actividades físicas, salir a pasear de forma diaria es una buena opción para mantener la movilidad y no caer en el sedentarismo en estas épocas.

Otro de los factores que debemos tener en cuenta en invierno es la alimentación, ya que adecuar la dieta a las bajas temperaturas es una gran ayuda para combatir el frío en la tercera edad. Para ello, además de tomar alimentos variados y caliente, debemos comer en mayor cantidad. En este sentido, en época invernal, la temperatura del cuerpo baja, pero las necesidades calóricas aumentan.

Controlar la temperatura ambiente de casa

Al igual que es importante evitar pasar frío al salir a la calle, también debemos vigilar que la temperatura en casa es la adecuada, con un sistema de calefacción, mantas o prendas que permitan al mayor sentirse cómodo y cálido en su hogar.

De hecho, una de las zonas en las que más debemos controlar la temperatura es el dormitorio, la cual debe encontrarse entre los 18 y 22 grados. En este sentido, adecuar el ambiente de la habitación es una de las medidas de higiene del sueño recomendadas para evitar los trastornos del sueño.

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