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Qué podemos aprender de las personas mayores

23/08/2021

Una niña mirando un jarrón con flores, mientras escucha lo que su abuela le está enseñando

Existe la idea errónea de que a partir de los 65 años debemos dejar de realizar ciertas actividades o desistir de aprender cosas nuevas. Esto hace que veamos el envejecimiento como una etapa que es mejor aplazar y de la que nos avergonzamos.

Por este motivo, es fundamental respetar a los adultos mayores y reconocer que son un grupo heterogéneo y diverso. Además, es importante destacar el valor de los ancianos, no solo por su papel activo en la sociedad, sino también por todas las lecciones de vida que podemos aprender de las personas mayores, gracias a su experiencia y sabiduría.

Tener paciencia

Aunque el prejuicio dice que en la tercera edad solo sufrimos un deterioro de nuestras capacidades, hay cualidades que se ganan o se refuerzan con el paso de los años. Un ejemplo es la paciencia, una habilidad que escasea en la juventud, pero que podemos aprender de las personas mayores.

Entre muchos beneficios, la paciencia nos permite:

  • Controlar la ansiedad y el estrés.
  • Mayor seguridad al tomar decisiones.
  • Prevenir o reducir las adicciones, tabaquismo, drogas, etc.
  • Menor riesgo de sufrir depresión.
  • Evitar emociones negativas, como la ira y la frustración.
  • Aumentar el equilibrio emocional y la salud mental.

Todo esto muestra lo necesario que es ser paciente para nuestra vida diaria y escuchando a las personas mayores podemos conseguirlo.

Valorar lo que realmente necesitas

Otro de los aspectos en los que mejoramos con la edad es la capacidad diferenciar entre lo que es necesario y lo que es prescindible, ya que la experiencia nos ayuda a saber qué merece realmente la pena. Por este motivo, valorar y dedicar tiempo a lo importante es una actitud que podemos aprender de las personas mayores.

Asimismo, si conseguimos conocer aquello que tiene valor para nosotros, podremos enfrentarnos a las adversidades sin exagerar su gravedad. De esta forma, seremos capaces de relativizar nuestros problemas, es decir, disminuir la importancia de los inconvenientes que surjan en nuestra vida. Esto puede ayudarnos a prevenir trastornos como ansiedad, angustia, estrés o, incluso, depresión.

Como conclusión, los mayores suelen prestar menos atención a los problemas que afectan poco a su día a día y dedican más tiempo las cosas que valoran y necesitan.

Pasar tiempo con la familia

Al igual que conocer el valor de las cosas, con el paso de los años también se aprende a disfrutar de lo importante. Cuando somos más jóvenes, no pasamos suficiente tiempo con la familia por lo frenética y estresante que es la vida en muchas ocasiones, el trabajo u otras responsabilidades.

En este sentido, al envejecer somos más conscientes de lo limitado que es el tiempo y lo beneficioso que es compartir momentos familiares. Tanto para prevenir la soledad no deseada como para mejorar nuestra autoestima y felicidad, crear recuerdos familiares es una gran forma de mejorar nuestro bienestar y calidad de vida, en el presente y durante la tercera edad.

Por este motivo, elegir fortalecer los vínculos familiares frente a las cosas materiales es otra de las lecciones que aprendemos de las personas mayores.

Valorar las amistades

Además de la familia, las amistades también son fundamentales, sobre todo, durante la tercera edad. En este sentido, existen una serie de factores que explican por qué valoramos aún más a nuestras amistades en la tercera edad, entre ellos:

Ayudan a prevenir el aislamiento social: con la jubilación, los mayores suelen perder mucho contacto social y si, además, tienen algún problema de movilidad, el riesgo de que se aíslen es mayor que en otras edades.

Son un apoyo en momentos de duelo: el paso de los años conlleva el tener que despedirnos de seres queridos, momentos de tristeza que pueden ser menos dolorosos con un amigo al lado.

Las actividades, mejor acompañados: los amigos pueden acompañarnos a la hora de realizar actividades socioculturales o una rutina de ejercicio.

Al igual que las amistades pueden ayudarnos a ser más activos, también son un impulso a la hora de intentar o aprender cosas nuevas, conocer a gente y aceptar invitaciones posibles a eventos sociales.

Una mujer mayor con dos tomates y otra mujer mayor con dos pimientos simulando que son sus ojos, mientras se divierten juntas en una cocina
Con el paso de los años, el miedo a hacer el ridículo desaparece, por lo que podemos aprender de las personas mayores a vivir sin preocuparnos sobre lo que los demás piensen.

Saber decir "sí" a las oportunidades

Al envejecer, es común ver la vida en retrospectiva y analizar las oportunidades hemos perdido, en muchos casos, por miedo al cambio y no por una mala elección. En este sentido, las personas mayores nos enseñan a decir que sí a las ocasiones, en lugar de dejarnos vencer por la incertidumbre o el miedo al fracaso.

De esta forma, aunque cometamos algún error, tendremos la tranquilidad de haberlo intentado y, en el futuro, evitaremos arrepentimientos y preguntarnos “qué habría pasado si …”.

Viajar y salir más

Como hemos mencionado, las personas mayores tienen mayor capacidad para valorar las cosas importantes. Concretamente, viajar es una de las grandes recomendaciones que dan las personas mayores cuando preguntas en qué deberíamos gastar el dinero.

En este sentido, las experiencias y recuerdos que conservamos después de un viaje tienen mucho más significado y son más enriquecedores que muchos bienes materiales que queremos comprar.

Si te interesa, te dejamos un artículo sobre cuestiones que debemos tener en cuenta al viajar con algún mayor: Vacaciones con personas mayores.

Seguir siendo curioso

Conservar la curiosidad es fundamental para seguir teniendo interés en conocer cosas nuevas. Asimismo, las personas podemos estar continuamente aprendiendo y los mayores son un claro ejemplo.

En este sentido, el envejecimiento no nos impide adquirir nuevos conocimientos. Al contrario, las personas mayores que mantienen y ejercitan su curiosidad consiguen numerosos beneficios, como:

  • Mayor satisfacción y felicidad.
  • Aumentar y fortalecer vínculos afectivos.
  • Ejercitar el cerebro.
  • Prevenir el desarrollo de enfermedades como el Alzheimer.
  • Evitar la ansiedad.
  • Enfrentar los cambios con mayor seguridad.

No luchar contra el envejecimiento

En resumen, valorar y respetar a los ancianos es necesario para aceptar la tercera edad como una etapa inevitable, pero no negativa.

Aunque el envejecimiento es un proceso irreversible contra el que no podemos luchar, los mayores nos enseñan cómo superar las adversidades de la vida y aprovechar esta etapa para seguir aprendiendo, viajar, apreciar las cosas importantes y disfrutar de nuestra familia y amigos.

De hecho, gracias a la experiencia adquirimos toda una serie de conocimientos y valores que nos ayudan a superar el día a día y a ser mejores. Por esto, es fundamental escuchar y aprender de las personas mayores, ya que son una fuente de experiencia y sabiduría.

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