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Fases del párkinson, ¿cómo avanza esta enfermedad?

05/05/2022

La movilidad es una de las capacidades que más se ven afectadas por el paso de los años, llegando a repercutir en la calidad de vida de las personas mayores. En ese sentido, son muchos los factores frecuentes en la tercera edad que disminuyen o limitan la función motora de los adultos de edad avanzada.

Entre ellos, el párkinson es una enfermedad neurológica que perjudica en gran medida la movilidad de las personas mayores. En este artículo te explicamos qué es y cuáles son las fases del párkinson. Aunque se trata de una patología que aún no tiene cura, también te mostramos qué tratamientos hay para esta afección.

¿Qué es el párkinson?

El párkinson es una enfermedad que afecta al sistema nervioso caracterizada por la pérdida de neuronas, provocando una falta de dopamina en el organismo. Como consecuencia, el cerebro no produce suficiente cantidad de dopamina, una sustancia fundamental para el control del movimiento.

Entre los síntomas frecuentes que el párkinson puede ocasionar, se encuentran los siguientes:

  • Temblor en reposo.
  • Rigidez.
  • Lentitud de movimiento.
  • Problemas de equilibrio y coordinación.

Debido a que el párkinson es un trastorno del movimiento neurodegenerativo, la pérdida progresiva de neuronas hace que los síntomas varíen según la evolución de la enfermedad. De hecho, en fases del párkinson avanzadas las personas mayores pueden llegar, incluso, a dejar de caminar.

Asimismo, los problemas de movilidad provocados por esta afección pueden derivar en otros síntomas como mareos, estreñimiento, depresión o insomnio. Por otra parte, es posible desarrollar demencia debido al deterioro mental progresivo del párkinson.

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¿En qué personas aparece esta enfermedad?

Generalmente, el párkinson aparece a partir de los 60 años y es mucho más frecuente entre los hombres que entre las mujeres. De hecho, si se sufre de esta afección antes de los 50 años, el trastorno se denomina Enfermedad de Parkinson de Inicio Temprano.

Además de la edad y el sexo, existen otros factores que pueden aumentar el riesgo de sufrir esta enfermedad, entre ellos:

  • Genética: a pesar de que es posible padecer de este trastorno neurológico por una alteración genética concreta, el 90% de los casos se dan de forma esporádica. No obstante, el riesgo será mayor si son muchos los miembros de la familia que sufren párkinson.
  • Condiciones ambientales: aunque se trata de una pequeña posibilidad, la exposición a ciertas toxinas, como herbicidas o pesticidas, puede aumentar el riesgo de tener párkinson en el futuro.

Aunque todos estos factores pueden influenciar en que una persona sufra la enfermedad de Parkinson, no se conoce la causa exacta de este trastorno.

Las fases y síntomas del párkinson

Hay que señalar que la evolución y el impacto en la salud de las enfermedades varían según la persona, su edad y muchos otros factores relacionados con su estilo de vida. Por lo tanto, los síntomas y fases del párkinson no serán iguales en todos los casos. En este sentido, el deterioro neurológico puede ser más lento en ciertos pacientes y más rápido en otros.

No obstante, es posible catalogar de forma genérica la progresión del párkinson en distintas etapas, según la gravedad de los síntomas y su repercusión en la movilidad de las personas que padecen esta enfermedad.

Fase 1

En la primera fase del párkinson, el paciente ha sido diagnosticado de la enfermedad y presenta los siguientes síntomas:

  • Ligero temblor y rigidez.
  • Cambios al caminar, como ligero arrastre de los pies.
  • Lentitud de movimiento.

Durante esta primera etapa, los síntomas son leves y se presentan de forma unilateral, es decir, a un solo lado del cuerpo. Por ello, la enfermedad en sus inicios no suele afectar a la vida diaria de quienes la padecen.

En las primeras fases del párkinson, las personas que lo sufren experimentan síntomas leves que no suelen interferir con sus actividades diarias.

Fase 2

La siguiente etapa del párkinson se caracteriza por un agravamiento de los síntomas que, además de empeorar, se extienden a ambos lados del cuerpo. Asimismo, a los problemas de la primera fase, se suman otros como la inestabilidad postural o la dificultad para caminar y realizar ciertos movimientos.

No obstante, la enfermedad sigue sin afectar en gran medida a la vida de los pacientes, ya que aún mantienen la suficiente autonomía para vivir por su cuenta.

Fase 3

Conforme avanzan las fases del párkinson, los síntomas siguen empeorando. En esta etapa intermedia, el trastorno llega a afectar al equilibrio, lo que aumenta el riesgo de quienes lo padecen de sufrir una caída.

Aunque en este punto las personas con párkinson siguen conservando su independencia, empiezan a tener dificultades al realizar tareas básicas como comer, vestirse y pasear. En estos casos, existen varias formas de cuidar a personas mayores en casa que, además de garantizar su seguridad y tranquilidad, también mejoran su bienestar y autonomía.

Un ejemplo son los servicios de teleasistencia que permiten a los adultos con párkinson permanecer en su hogar el mayor tiempo posible, proporcionándoles una atención inmediata, permanente y personalizada, según las necesidades específicas del usuario.

Fase 4

Respecto a los síntomas motores que aparecen en esta etapa más tardía, se suman a los vistos con anterioridad, las discinesias o movimientos involuntarios. Asimismo, los pacientes tienen fluctuaciones motoras, pasando de un buen estado físico a experimentar varios síntomas a la vez, en un corto periodo de tiempo.

Además, surgen otras afecciones no motoras, ya que se trata de una enfermedad que no solo afecta físicamente a los pacientes, sino también psicológica y emocionalmente. En este sentido, los siguientes síntomas también pueden aparecer en las fases avanzadas del párkinson:

Como consecuencia de las limitaciones motoras y de las afecciones cognitivas, las personas en esta fase del párkinson suelen requerir de cierta ayuda para realizar sus actividades cotidianas. Es decir, se trata de una etapa donde el grado de dependencia de los pacientes empieza a ser severo.

Fase 5

Por último, la fase más avanzada se asocia a una alta dependencia, ya que la rigidez en las piernas puede hacer que las personas dejen de caminar y que requieran de ayuda y atención constante para su día a día.

También, se agravan los trastornos cognitivos y otras complicaciones no motoras, llegando a presentar alucinaciones casi reales, insomnio, depresión y ansiedad grave.

Pero, como ya hemos mencionado, no se puede conocer con exactitud la duración de cada una de las fases del párkinson, ya que la progresión de la enfermedad es diferente en cada paciente.

Tratamientos no farmacológicos

Aunque el párkinson es actualmente una enfermedad que no tiene cura, existen varias opciones de tratamiento enfocadas en controlar sus síntomas y mejorar la función motriz de los pacientes. Durante las primeras fases del párkinson, cuando los síntomas son leves y aún se tiene suficiente dopamina en el cerebro, suelen evitarse los tratamientos farmacológicos e intervenciones de alto impacto, como las cirugías.

En su lugar, lo más recomendable es recibir terapias psicológicas y ocupacionales, tanto para mejorar las capacidades motoras y mentales de los pacientes, como para ayudar a los mayores a adaptar su entorno y actividades diarias a su nueva condición. De esta forma, los mayores con párkinson se sienten acompañados, reciben el apoyo que necesitan, mejoran su estado físico y aumentan su bienestar, autonomía y calidad de vida.

Asimismo, un estilo de vida saludable puede ayudar en gran medida a mejorar la movilidad de los mayores con párkinson y reducir los síntomas no motrices que afectan al estado de ánimo y a la salud mental de las personas que lo sufren. Estos son los hábitos más recomendables:

De la misma forma que no se conocen las causas exactas del párkinson, tampoco se sabe si es posible prevenir este trastorno. No obstante, los estudios afirman que los ejercicios aeróbicos, como bailar, hacer yoga o caminar, ayudan a prevenir varios síntomas. Además, la actividad física en la tercera edad mejora el equilibrio y reduce el riesgo de sufrir una caída.

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