
Ya sea por la edad, enfermedades u otros factores, las personas dependientes necesitan ayuda para el día a día, incluso paras las tareas más básicas. En la mayoría de casos, son los familiares más cercanos los que se encargan de cuidar a su ser querido enfermo.
Por este motivo, al tener que hacerse cargo de esta responsabilidad, además del resto de tareas diarias, se puede llegar a experimentar el síndrome del cuidador. En este sentido, son muchas las familias que se ven obligadas a contratar a alguien para los cuidados de la persona mayor enferma.
Los cuidadores no profesionales de personas dependientes son una figura de atención sociosanitaria en el hogar, legalmente reconocidos. En este artículo te explicamos todo lo que debes saber sobre los cuidadores de personas dependientes antes de decidir contratar a uno.
Todas aquellas personas reconocidas por la Ley de Dependencia podrán acceder a una serie de ayudas económicas, entre las que se encuentra el poder contratar a cuidadores de personas dependientes. De esta forma, antes de pensar en contratar a un cuidador, debemos saber si la persona a la que necesitamos que asistan es dependiente o no.
Según el artículo 2.2 de la Ley de Dependencia, se consideran dependientes aquellas personas que precisan ayuda para realizar actividades diarias, llegando a existir hasta tres grados según el nivel de dificultad para llevar a cabo estas tareas.
Sin embargo, este reconocimiento varía en cada Comunidad Autónoma. Por ejemplo, para poder solicitar la dependencia en Madrid existen otros requisitos que no se basan solo en la situación del interesado.
Es necesario que los cuidadores de personas dependientes estén en una situación de contratación legal y dados de alta en la Seguridad Social, ya sea asumiendo ellos la cuota íntegra o mediante un acuerdo específico con la parte contratante (Real Decreto Ley 20/2012). Además, existen otras condiciones que el contrato tiene que cumplir, como son:
En cuanto a la extinción del contrato, este se termina de forma natural por causas como fallecimiento de la persona asistida, jubilación del cuidador, incumplimiento de los requisitos legales o voluntad de abandono acordado por ambas partes.
Antes que elegir una residencia o algún otro centro especializado en el cuidado de personas dependientes, muchos enfermos y sus familiares prefieren que este sea atendido en su propio hogar. Por este motivo, existe la posibilidad contratar a profesionales especializados en la atención del paciente en el domicilio, como los cuidadores de personas dependientes.
De esta forma, los mayores enfermos cuentan con la ayuda necesaria para la realización de tareas que ellos solos no pueden llevar a cabo. Al igual, se evita la sobrecarga de los familiares al poder compaginar sus responsabilidades diarias con el bienestar de su ser querido. Para que el cuidado sea lo más beneficioso para el paciente, el cuidador no solo debe respetar sus hábitos y costumbres, sino que también debe contar con una serie de características comunes entre todos los buenos cuidadores de personas dependientes, siendo las más importantes:
Se trata del primer aspecto objetivo para evaluar cómo de capacitado esta un cuidador a la hora de enfrentarse a la realidad del paciente. En este sentido, cuanta más experiencia tenga un cuidador mejor sabrá desenvolverse ante circunstancias improvistas o especiales de la persona a la que asiste.
Es importante que el cuidador sepa manejar los cambios de la mejor manera posible, además de tener intuición y capacidad para superar los improvistos y afrontar las sugerencias. Con todo esto, su trabajo será más productivo.
El trabajo de cuidador de personas dependientes exige profesionalidad, dedicación y trabajo. Aunque la formación y la experiencia son también aspectos básicos, la diferencia entre un buen cuidador y el que no lo es se encuentra en la vocación, la implicación y el deseo de cuidar.
Toda base de una buena relación se basa en la capacidad de escuchar, entender y actuar, lo que es aun más esencial si se trata de hacer que la persona mayor a cargo no se sienta aislada.
Para el buen cuidado de una persona dependiente es imprescindible la perseverancia y el esfuerzo contante. En este sentido, el cuidador debe saber mantenerse relajado y no perder la calma ante las situaciones de estrés que se puedan presentar al tratar con la persona enferma.
Ser psicológicamente estable y saber gestionar las emociones significa controlar los impulsos, los sentimientos negativos, el estrés y la frustración para afrontar con entereza las situaciones cotidianas que se puedan presentar. Asimismo, los cuidadores deben saber autocuidarse, ya que el desgaste físico y psicológico puede llegar a ser importante y para poder cuidar a otros hay que saber cuidarse uno mismo.
Es imprescindible que el cuidador sepa mostrar su lado más humano, tratando las demandas de la persona mayor a la que asiste con normalidad y respeto. En definitiva, tiene que ser cercano y familiar, mantenido siempre el respeto a la individualidad y a la intimidad del paciente.
La conducta del cuidador suele repercutir en el estado de ánimo del anciano, sobre todo si se trata de una persona enferma, con un deterioro de sus capacidades cognitivas o con movilidad reducida. Por este motivo, es importante saber transmitir energía positiva y mostrarse optimista para ayudar a superar los altibajos emocionales del paciente.

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Existen dos formas principales para contratar a cuidadores de personas dependientes, por cuenta propia o a través de una agencia. Si tenemos en cuenta las condiciones del contrato y las características de un cuidador que hemos explicado anteriormente, podemos buscar nosotros mismos a la persona para que asista al mayor que lo necesite. Por otra parte, si decidimos recurrir a una agencia, esta cumple la función de:
A veces, se puede confundir la figura del cuidador con la del empleado o empleada del hogar, pero existen diferencias entre ambas en varios ámbitos. Para empezar, el marco legislativo por el que se regula la contratación de estos trabajadores es distinto, ya que el Servicio de Ayuda a Domicilio se recoge en la Ley de Dependencia, mientras que el de empleados domésticos se considera parte del Régimen Especial de Empleados del Hogar. Asimismo, las prestaciones económicas que se atribuyen a los cuidadores de personas dependientes no se dan en el caso de los empleados domésticos.
Por otra parte, el trabajo del cuidador cubre un espectro muy grande del día a día de un anciano. En este sentido, hay que destacar las funciones principales y tareas específicas que cumplen estos trabajadores a la hora de asistir a una persona dependiente, entre ellas:
En el caso de que persona mayor no necesite un cuidador particular, ya sea porque aún conserva un buen grado de independencia y no se considera una persona dependiente, pero quiera ser asistida si se diera alguna emergencia, puede recurrir a la teleasistencia domiciliaria. Se trata de un servicio que se ha convertido en los últimos años en una solución fundamental para la atención en la tercera edad, ya que permite la permanencia en el hogar del usuario y favorece su autonomía, otorgándole tranquilidad y seguridad durante las 24 horas del día.
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