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¿A qué edad se considera una persona mayor?

04/06/2021

Imagen de un hombre con más de 65 años, que no se considera una persona mayor, sonriendo.

A la hora de hablar de a qué edad se considera una persona mayor, hay que diferenciar entre la edad cronológica y la edad funcional de las personas. Con el envejecimiento, es normal que suframos ciertos cambios bilógicos y síndromes geriátricos, estados de salud complejos que aparecen en las últimas etapas de la vida. Sin embargo, estos cambios y afecciones no se presentan por igual en todas las personas mayores, ni se dan a una edad concreta.

Actualmente, nos encontraremos con una demografía mundial en el que la mayor parte de la población tiene una esperanza de vida igual o superior a los 60 años. Esto hace que cada vez sea más necesario cambiar la idea de que a partir de cierta edad somos personas mayores y dejamos de contribuir en la sociedad.

En este artículo te mostramos los factores que pueden acelerar o ralentizar el envejecimiento y, sobre todo, que debemos entender la vejez como una fase más de la vida y donde se engloba un amplio grupo de personas diversas que han de tener un papel activo y fundamental en la sociedad.

Qué factores inciden en la vejez

El envejecimiento conlleva cambios en nuestra salud por distintos factores y, aunque algunos de ellos son genéticos e inevitables, la mayoría se deben a causas externas que pueden modificarse.

En este sentido, los factores extrínsecos son los que más determinan a qué edad se considera una persona mayor. Es decir, el entorno, nuestro estilo de vida y ciertas enfermedades propias de la tercera edad, son las circunstancias que realmente determinan como de mayor es un individuo respecto al resto de personas de su mismo grupo de edad.

Concretamente, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha englobado estos factores que inciden en la vejez en tres esferas de actuación:

  • Prevención de enfermedades crónicas.
  • Facilidad de acceso a servicios de atención primaria para las personas mayores.
  • Creación de entornos adaptados a las personas mayores.

En este sentido, hay muchas cosas que podemos hacer para favorecer el bienestar y la calidad de vida en la tercera edad, tanto desde el cuidado personal y los hábitos saludables, como desde la sociedad en general.

Por qué se considera ahora a la tercera edad como la tercera juventud

Gracias al envejecimiento saludable, está cambiando la idea de que la vejez es una etapa de deterioro y dependencia. En su lugar, la población de edad avanzada está comenzando a verse como un sector lleno de oportunidades, tanto para los propios seniors como para la sociedad.

En este sentido, el mundo del envejecimiento está experimentando un cambio importante en el que la esperanza de vida ya no solo significa que vivimos más, sino que hemos alterado el concepto de tercera edad.

Concretamente, la vejez ha pasado de englobar a todos los mayores de 65 años como un colectivo homogéneo, a ser una etapa donde podemos encontrar grupos heterogéneos en los que cada persona cuenta con características y condiciones diversas. A grandes rasgos podemos identificar tres tipos diferentes de grupos, según el estado de salud física y mental:

  • Adultos mayores: aquellas personas que viven la vejez como un periodo de desarrollo y no de declive personal, por lo que se identifican más con los adultos que con los mayores.
  • Personas mayores: en este grupo los individuos experimentan ciertas consecuencias inevitables de la tercera edad. Sin embargo, según el tipo de envejecimiento que experimentemos, normal, saludable o patológico, podremos disfrutar de mayor o menor bienestar y calidad de vida a lo largo de esta etapa.
  • Mayores dependientes: las personas de este grupo viven una situación de fragilidad, necesidad de ayuda y dependencia.

Esto demuestra la cantidad de realidades que podemos encontrar en la vejez, siendo necesario que todas ellas vivan un envejecimiento satisfactorio, sin necesidad de permanecer sanos y activos.

Por lo tanto, la clave no es que la tercera edad se convierta en una nueva juventud sino fomentar que los mayores de 65 años se integren en la sociedad con bienestar y una buena calidad de vida. Para ello, es necesario que se aborden políticas y servicios adecuados, enfocados a dar respuesta a los cuatro grandes desafíos del envejecimiento.

Diversidad en la vejez

En primer lugar, la heterogeneidad de las personas mayores conlleva una diversidad en los estados de salud y las capacidades funcionales de cada individuo en la tercera edad. En este sentido, nos podemos encontrar tanto con la mejora de la salud de parte de la población envejecida como con el aumento de las enfermedades crónicas y necesidades de cuidado de la otra parte.

Esto significa que debemos ser conscientes de que el envejecimiento de la población lleva parejo un aumento del riesgo de encontrarnos en situación de fragilidad, vulnerabilidad e, incluso, dependencia. Aunque envejecer con salud está muy relacionado con un estilo de vida saludable y buenos hábitos, no es algo que podamos controlar por completo.

Por este motivo, es importante tener en cuenta las personas que sufren un envejecimiento patológico a la hora de crear políticas para la tercera edad. De esta forma, los seniors podrán decidir cómo quieren envejecer según los siguientes tipos de bienestar:

  • Hedónico: se encuentra en la felicidad y en la satisfacción con la vida.
  • Eudaimónico: tiene que ver con la autorrealización personal del individuo y con la felicidad que este experimenta con el bienestar de las personas que lo rodean.

Con todo esto, podremos responder correctamente al desafío de la diversidad en la vejez, además de romper con la idea de que el buen mayor solo es aquel que se cuida y es autónomo.

2.	Dos personas mayores con distintas edades y capacidad, una tomando un café y otra utilizando un dispositivo digital, una tablet
La diversidad en la vejez hace difícil de contestar a la pregunta de a qué edad se considera una persona mayor, además de concienciar sobre las distintas capacidades que se tienen en la tercera edad.

Inequidades sanitarias

Debido a la cantidad de factores que inciden en la vejez, nos encontramos con una gran diversidad entre las personas mayores. En este sentido, como ya hemos visto, esta heterogeneidad se debe, en una pequeña parte, a herencias genéticas y, en una mayor, a decisiones que tomamos a lo largo de nuestra vida.

No obstante, muchas influencias que repercuten en el envejecimiento están fuera de nuestro control o de las opciones con las que contamos. Esto significa que nos podemos encontrar con entornos físicos y sociales, como la familia, sexo y origen étnico, que producen desigualdades en materia de salud, generando inequidades sanitarias.

Debido a que desde el ámbito individual es difícil acabar o modificar estos obstáculos, este desafío corresponde a los responsables de formular políticas, quienes deben reforzar la salud pública con el objetivo de superar estas inequidades.

Estereotipos obsoletos y discriminatorios contra la tercera edad

Existe un estereotipo cultural por el que se tacha a las personas mayores de individuos frágiles o dependientes que suponen una carga para la sociedad. Esta discriminación por motivos de edad puede generar situaciones de maltrato a personas mayores o, incluso, actuaciones institucionales que, en vez de acabar con las creencias estereotipadas, incentivan las prácticas discriminatorias.

Entre los estereotipos más comunes sobre las personas mayores, podemos encontrar:

  • Son frágiles y están enfermos.
  • Tienen problemas de memoria.
  • No se adaptan a los cambios.
  • Son incapaces de continuar trabajando.
  • Les cuesta aprender cosas nuevas.
  • No tienen relaciones sexuales.

Esta imagen, además de estar arraigada culturalmente, también es, en gran medida, compartida por los medios de comunicación. Por este motivo, es importante reflejar la realidad del envejecimiento en la salud pública y en la sociedad, en general. De esta forma, es posible cambiar las actitudes discriminatorias contra la tercera edad favoreciendo la formulación de políticas que realmente permitan a las personas mayores disfrutar de la vejez.

Un mundo que cambia con rapidez

Junto con el aumento de la esperanza de vida y el cambio demográfico hacia una población envejecida, el mundo está experimentando muchas otras alteraciones debido a aspectos como:

Todas estas nuevas realidades conllevan la generación de oportunidades para la sociedad y para las personas mayores, en particular. En este sentido, los seniors son un sector con conocimientos, habilidades deseables y flexibilidad financiera que pueden contribuir en gran medida al bien común.

El valor de la experiencia

Como ya hemos mencionado, la heterogeneidad de las personas mayores es una realidad que cada vez se hace más evidente. Sin embargo, los modelos de envejecimiento no han cambiado nada en los últimos años, lo que hace que se estén quedando obsoletos.

En este sentido, actualmente se entiende el envejecimiento casi exclusivamente desde los ámbitos físico y cognitivo, sin tener en cuenta otros aspectos relevantes. Por ejemplo, casi todas las propuestas sobre bienestar en la tercera edad se centran en fomentar la actividad de los mayores y mejorar su salud con buenos hábitos.

Sin embargo, en la realidad, las personas mayores no solo aportan a la sociedad manteniéndose sanos. En este sentido, la gente de edad avanzada son una gran fuente de experiencia y pueden contribuir en:

  • Formar a las futuras generaciones.
  • Mejorar la actividad económica.
  • Colaboración en organizaciones y asociaciones, voluntaria o remunerada.
  • Apoyo afectivo, material y económico a la familia y a la sociedad.

En resumen, todos estos aspectos nos permiten comprender lo subjetiva que es la pregunta de a qué edad se considera una persona mayor. Es decir, la heterogeneidad de las personas mayores nos permite valorar de forma individual lo que los seniors pueden aportar a la sociedad, sean cuales sean sus capacidades, condiciones de salud o estilo de vida.

Asimismo, conseguiremos eliminar los estereotipos culturales que existen sobre las personas mayores y sabremos cómo actuar ante la futura población envejecida, respondiendo a sus necesidades y favoreciendo su integración en la sociedad.

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