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Ansiedad en personas mayores

12/11/2021

Mujer mayor sentada frente a una ventana mirando su teléfono móvil con tristeza

La ansiedad es uno de los trastornos que más prevalecen en la tercera edad y que repercute en la salud física, mental y emocional de las personas mayores. Asimismo, el trastorno de ansiedad en personas mayores suele tratarse de forma inadecuada debido a la presencia de otras enfermedades que dificultan el diagnóstico.

Por este motivo, es importante conocer las causas y síntomas de esta afección para facilitar una temprana detección y evitar graves consecuencias. Asimismo, en este artículo te contamos cuáles son los síntomas más comunes de la ansiedad y consejos para prevenirla.

Causas de la ansiedad en la vejez

Para empezar, es importante señalar que podemos sufrir ansiedad a cualquier edad, ya que su aparición puede deberse tanto a factores ambientales como biológicos, es decir, debido a una predisposición genética, resiliencia, capacidad para enfrentar las contrariedades, etc.

Sin embargo, otro de los motivos que pueden desencadenar la ansiedad son las circunstancias que atraviese o haya atravesado la persona. En este caso, las personas mayores son las que cuentan con un tiempo de vida más prologado, por lo que cuentan con más posibilidades de padecer este trastorno.

En este sentido, algunas de las causas más comunes de la ansiedad en personas mayores son las siguientes:

  • Alteraciones de la rutina o cambios bruscos en el estilo de vida.
  • Deterioro de las capacidades.
  • Pérdida de autonomía.
  • Problemas de salud.
  • Aislamiento social.
  • Falta de apoyo familiar.
  • Dificultades económicas.
  • Percepción del paso del tiempo.

Debido a la diversidad de causas, es muy importante atender cada caso de manera individualizada. Un ejemplo de atención personalizada es la que realizan los servicios de teleasistencia, quienes ofrecen programas específicos para adaptarse a las diferentes necesidades de cada usuario.

Cómo afecta la ansiedad

Además de ser un trastorno frecuente en la tercera edad, la ansiedad en personas mayores suele tener un carácter perdurable, es decir, de larga duración. Al igual que en otras enfermedades, las consecuencias son mayores cuanto más tiempo pase sin un tratamiento adecuado.

De hecho, varios estudios han asociado la ansiedad en la vejez con un número significativo de consecuencias negativas, entre ellas:

  • Físicas: deterioro de capacidades, mayor riesgo de enfermedades cardiacas, dolores musculares, aumento de la dependencia,
  • Mentales: irritabilidad injustificada, nerviosismo persistente, problemas de concentración, sensación de insatisfacción, deterioro cognitivo, malestar, etc.
  • Conductuales: agresividad, aislamiento, hipoactividad o hiperactividad, etc.

Por todo esto, los trastornos de ansiedad pueden llegar a ser un problema clínicamente significativo. En algunos casos, la falta de tratamiento provoca que la afección se cronifique, afectando de forma disruptiva en la vida de quienes la padecen.

Diferentes desordenes de ansiedad y sus síntomas

Generalmente, muchos de los síntomas de la ansiedad pueden llegar a confundirse con los de otras enfermedades crónicas comunes en la tercera edad. En este sentido, existen cinco tipos de ansiedad con diferentes efectos sobre la salud, los cuales son:

  • Desorden generalizado de ansiedad: Este primer tipo se caracteriza por una preocupación excesiva y casi continua, durante al menos seis meses. Otros síntomas de este trastorno son una sensación de cansancio frecuente, irritabilidad, dificultad para dormir, problemas de concentración y rigidez muscular.
  • Ataques de pánico: sentimientos repentinos de terror que surgen sin que exista un peligro real. Además del episodio de pánico, se producen síntomas físicos muy intensos como taquicardia, dolor de pecho, dificultad para respirar, temblores o mareos, los cuales pueden llegar a confundirse con un ataque al corazón.
  • Trastorno obsesivo-compulsivo (TOC): impulso abrumador de repetir ciertas conductas, obsesiones, a las que la persona se aferra y que pueden llegar a interferir con la vida diaria. Se trata de un trastorno que suele ser hereditario.
  • Fobias: miedo intenso, desproporcionado e irracional a situaciones u objetos específicos. Las personas con fobias pueden experimentar una ansiedad inmediata ante aquello que temen, aunque no sea una situación de verdadero peligro. Algunas fobias comunes son la aviatophobia (aviones), claustrofobia (espacios limitados), acrofobia (alturas), u otras como el temor a situaciones sociales o a algunos animales.
  • Trastorno de estrés postraumático (TEPT): tras haber pasado por una experiencia traumática, es posible revivir de forma involuntaria estos acontecimientos a través de recuerdos. Como consecuencia, este tipo de ansiedad puede causar problemas para dormir, sentimientos de tristeza, soledad o culpabilidad, arrebatos de ira, etc.
Manos de una mujer mayor sujetando una taza de café
El desorden generalizado de ansiedad y las fobias son los tipos de ansiedad en personas mayores más frecuentes.

Dificultades en el diagnóstico de ansiedad

Como hemos visto, la ansiedad se presenta de forma general con una serie de síntomas, tanto físicos como mentales, que fácilmente pueden confundirse con otras enfermedades. Un ejemplo de esto serían signos como preocupación excesiva, dolor de cabeza y pecho, dificultad para respirar o adormecimiento de manos y pies.

Sin embargo, una vez que conocemos los síntomas, que hemos explicado con anterioridad, es más sencillo detectar y diagnosticar la ansiedad de forma temprana.

Cabe señalar que sentir ansiedad de forma puntual no debe considerarse siempre un signo de alarma. En algunos caos, la sensación de inquietud excesiva es una reacción normal para dar respuesta a un momento estresante o de riesgo.

Condiciones que predisponen a una persona mayor a sufrir ansiedad

Además de las causas que pueden desencadenar que un adulto mayor sufra de ansiedad, hay una serie de condiciones que aumentan la posibilidad de que una persona padezca esta afección en la tercera edad.

Concretamente, las mujeres presentan el doble de riesgo de desarrollar un trastorno de ansiedad que los hombres. Aun así, existen muchos otros factores que pueden influir en la predisposición de un mayor a padecer de ansiedad, por ejemplo:

  • Padecer una o varias enfermedades crónicas.
  • Seguir varios tratamientos farmacológicos.
  • Haber vivido experiencias doloras, traumáticas o de duelo.
  • Tener alguna incapacidad física.
  • Ser vulnerable emocionalmente.
  • Estar expuesto a situaciones estresantes a diario.

Cuantos más de estos factores tengamos, la posibilidad de desarrollar un trastorno ansiedad es mayor. En el caso de que nuestro riesgo sea muy elevado, es recomendable acudir al médico para consultar cómo podemos reducir estos desencadenantes.

Sin embargo, también es posible sufrir un trastorno de ansiedad sin contar con ninguno de estos factores de riesgo.

Algunos consejos para prevenir la ansiedad

En conclusión, al tratarse del trastorno en personas mayores más prevalente e infradiagnosticado, es fundamental llevar a cabo acciones que ayuden a prevenir la aparición de la ansiedad en la tercera edad.

Entre los consejos que podemos seguir para evitar la aparición de esta afección destacamos:

  • Hacer ejercicio físico diario: desde rutinas de gimnasia para personas mayores, hasta ir a caminar 30 minutos al día, lo importante es evitar el sedentarismo.
  • Priorizar las tareas: debido a que el tiempo para realizar una actividad es mayor en la vejez, es importante ordenar lo que tenemos que hacer según su importancia para no caer en el agobio ni el estrés.
  • Hablar de nuestras preocupaciones: en el caso de detectar alguna situación que nos estresa o preocupa, comentárselo a una persona de confianza puede aliviar esta sensación o ayudarnos a ver cómo enfrentarnos al problema.
  • Evitar el aislamiento: mantener nuestras relaciones sociales o participar en actividades socioculturales en grupo nos ayuda a prevenir la soledad no deseada, un factor de riesgo de la ansiedad en personas mayores.
  • Trabajar la autonomía: realizar actividades para mejorar y conservar nuestra independencia nos ayuda a mejorar nuestro bienestar en la vejez.
  • Tener aficiones: dedicar tiempo o descubrir nuevos hobbies es manera divertida de pasar el tiempo libre que obtenemos tras la jubilación.
  • Comer saludable: para lo que es esencial seguir una dieta equilibrada, no tomar alcohol en exceso y evitar comidas muy abundantes y grasosas.
  • Reservar tiempo para relajarnos: es importante apartar periodos de tiempo durante nuestra rutina para realizar técnicas de relajación, por ejemplo, entre actividades, al terminar una tarea, antes de irnos a dormir, etc.

Con todas estas medidas es posible reducir el riesgo de desarrollar un trastorno de ansiedad, además de prevenir ciertos problemas de salud física, mental y emocional que pueden desencadenar esta afección.

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