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Agitación en personas con demencia: guía de actuación y fármacos

Hombre mayor preocupado

Los episodios de agitación forman parte del día a día de las personas que padecen algún tipo de demencia, como el alzhéimer o la demencia frontotemporal. Son situaciones complejas y difíciles de lidiar tanto por parte del paciente como de familiares y cuidadores.

Sin embargo, existen ciertos métodos que pueden ayudar a aliviar estos comportamientos. En este artículo, te explicamos en qué consiste la agitación en ancianos y de qué formas se aborda para hacer más llevadera la vida de quienes las sufren y de sus seres queridos.

¿Qué es la agitación en personas con demencia?

La agitación es un síntoma que deriva de otro problema de salud o enfermedad, generalmente relacionado con enfermedades neurodegenerativas como el alzhéimer u otras demencias. Se identifica por comportamientos poco comunes en la persona que lo padece, y abarca desde la desorientación hasta conductas violentas en casos extremos.

Aunque se suele asociar a las demencias, la agitación en ancianos es una modificación de la conducta que puede producirse por otros motivos. Sirve de indicativo de algún problema neurológico, por lo que hay que analizarlo en su conjunto para dar con un diagnóstico acertado

Síntomas y señales de alerta

La persona que sufre estos episodios de agitación también puede mostrarse agresiva, tener alucinaciones, ideas delirantes, vagabundeo, falta de atención, depresión o ansiedad, entre otras. La sensación de privación de autonomía también es frecuente en la agitación en ancianos, por lo que presionando sólo generará una peor respuesta por parte de la persona que la padece.

En los pacientes de alzhéimer, la agitación suele ocurrir en el momento de los cuidados, resistiéndose a ellos o directamente rechazándolos, o durante la puesta de sol. Este trastorno se conoce como agitación nocturna, y sucede cuando la persona no reconoce el entorno y "quiere volver a casa".

Diferenciando la agitación de otros comportamientos

Debemos saber cómo diferenciar si se trata de un caso de agitación en ancianos o si forma parte de otro caso clínico. Se distinguen dos tipos de agitación: 

Es muy importante distinguirlo del delirium, un cuadro confusional donde se ve alterada la conciencia, la atención y la función cognitiva. Aunque también se produce agitación en el delirium, este normalmente se desarrolla en horas o días, y suele desencadenarse por afecciones médicas (infecciones, medicamentos, deshidratación,...) o por cambios en el entorno habitual del paciente.

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Causas de la agitación en la demencia

La agitación puede desencadenarse por diversas causas, desde afecciones médicas (desde infecciones de orina a ictus o infartos), por interacciones con medicamentos o por cualquier circunstancia que empeore su habilidad para procesar la información y los nuevos estímulos, siendo un resultado directo de padecer cualquier tipo de demencia

Es muy importante observar qué puede producirla, pues puede obedecer a distintos motivos. Sin embargo, entre las causas más frecuentes de la agitación en ancianos podemos encontrar: 

Factores psicológicos y ambientales

Las alteraciones del entorno en el que la persona mayor se siente cómoda pueden ocasionar agitación, como la mudanza a una nueva vivienda o residencia para ancianos, un cambio de cuidadores o la presencia de invitados en el hogar. Las personas que padecen estos trastornos también sienten miedo y fatiga por tratar de encontrarle sentido a la confusión que experimentan. 

Las medidas ambientales son las primeras a tomar para calmar la agitación en ancianos. Entre ellas, se encuentra utilizar un lenguaje no verbal tranquilizador, un tono de voz agradable y, sobre todo, nunca se debe emplear la negación y debemos evitar contener al adulto mayor

La distracción también es útil ante situaciones donde la persona mayor quiere escapar de su hogar porque no lo reconoce como propio, y desean ir a otro lugar, como la casa de sus padres. Debemos emplear un tono adecuado y buscar una distracción, pues es probable que en un rato hayan olvidado el deseo de escapar. Tendremos que invitarles a hacer otra actividad —preferiblemente placentera— antes de hacer lo que desean.

Cambios fisiológicos y la demencia

Sufrir una enfermedad neurológica trae consigo un deterioro lento y progresivo a nivel cognitivo y funcional, pero es importante remarcar que no todas las personas que la sufren evolucionan de la misma manera. La demencia predispone a sufrir problemas físicos de salud y, a su vez, es un factor de riesgo para desarrollar un delirium debido a los tratamientos o a la propia enfermedad en sí. 

Conforme progresa la demencia, se pierde poco a poco la capacidad para realizar actividades cotidianas, se alteran tanto el sueño como los hábitos en la alimentación y el apetito, y disminuye su movilidad y su capacidad de autocuidado personal. 

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Estrategias de manejo y actuación

Antes de acudir a terapias farmacológicas, se debe tener en cuenta que existen métodos y estrategias libres de químicos que han demostrado ser efectivas y beneficiosas tanto para pacientes como para cuidadores. A continuación, te detallamos en qué consisten estos tratamientos para la agitación en ancianos. 

Técnicas no farmacológicas para la agitación

Las técnicas no farmacológicas son intervenciones no químicas que ofrecen un amplio abanico de opciones, tanto para el paciente como para el cuidador. No son sustitutas en caso de que haya medicación prescrita, pero sí son un complemento importante para el tratamiento de la persona con demencia. Son opcionales y deben adaptarse a las preferencias y valores del paciente, por lo que tampoco sustituyen a los cuidados. 

Las medidas no farmacológicas ayudan a la prevención y al manejo del episodio una vez aparece, y estas son las que han demostrado mejores resultados: 

Terapias conductuales y ambientales 

Existen diversas terapias no farmacológicas que se basan en modelos psicosociales, donde su prioridad está en ralentizar el deterioro cognitivo y funcional de su vida cotidiana. Son tratamientos para la agitación en ancianos con demencia que favorecen su calidad de vida y pueden ayudar a controlar las posibles alteraciones de la conducta y, por otro lado, reducir la ansiedad de la persona cuidadora.

Una de ellas es la terapia de validación, centrada en el contenido emocional de las acciones y su exteriorización. El terapeuta confirma lo que dice la persona, valorando el sentimiento que la acompaña. Para ello, se emplean técnicas como la reminiscencia y/o la revisión biográfica, donde los pacientes emplean una mejor capacidad para retener eventos pasados basados en la memoria reciente, lo que en muchos casos conduce a una reducción de la ansiedad y la depresión, y a un aumento de la autoestima

Por otro lado, las terapias de aproximación ambiental consisten en estudiar el entorno que rodea al paciente agitado, identificando factores que propicien o agraven la agitación. Se realiza un examen cuidadoso del entorno y comportamiento habitual del paciente, lo que implica examinar a las personas con las que el paciente interactúa con regularidad, como familiares, amigos y cuidadores. 

Comunicación efectiva con el paciente

Una comunicación efectiva es muy importante para tratar a una persona que padece demencia. En episodios de agitación, debemos mantener la calma e intentar establecer una comunicación tranquila y comprensiva con el paciente para reducir la tensión del momento. 

Tanto un lenguaje corporal como un tono de voz amable pueden ayudar a relajar la situación y comprender su malestar. Elevar el tono, mostrar enfado o nervios puede ser desacertado para ambas partes. Por el contrario, que nos reconozca, intentar establecer contacto visual si se encuentra más calmado, e incluso intentar mantener contacto físico, puede ser de ayuda. 

Cuándo considerar la ayuda profesional

No todo el mundo está preparado del mismo modo para tratar la agitación en ancianos con demencia, por lo que apoyarse en profesionales especializados en la atención del paciente en el domicilio es una importante opción a poner sobre la mesa. 

En su formación, los cuidadores aprenden a respetar hábitos y costumbres, y se les prepara para actuar en cada caso, sobre todo en aquellos donde los ancianos sufren demencia. De esta forma, se especializan en resolver situaciones conflictivas —que quizá un familiar no gestione de la misma forma—, a través de la escucha activa, el tacto, la empatía y transmitiendo toda la tranquilidad posible en casos de agitación. 

En casos donde la persona no necesite un cuidador particular, ya sea porque aún conserva un buen grado de independencia y no se considera una persona dependiente, pero desee recibir asistencia en caso de emergencia, puede acudir a la teleasistencia domiciliaria. Este servicio se ha convertido en una solución fundamental para la atención en la tercera edad, pues permite la permanencia en el hogar del usuario y favorece su autonomía, otorgando tranquilidad y seguridad durante las 24 horas del día tanto a la persona como a sus seres queridos. 

Mujer mayor tomada del brazo por otra más joven
La reducción de estímulos y el apoyo pueden ayudar en el manejo de la agitación en ancianos.

Tratamiento farmacológico de la agitación

Desde el ámbito sanitario, se investiga día tras día posibles tratamientos farmacológicos que no sean tan agresivos para tratar las demencias, independientemente de su gravedad. Son una alternativa a las terapias no farmacológicas, pero es necesario saber que se utilizan como última opción. Te explicamos en qué consisten, sus riesgos y algunas alternativas a ellos. 

Uso de medicamentos en la agitación de personas mayores

El uso de fármacos es uno de los tratamientos químicos más usados para la agitación en ancianos con demencia. Cuando un profesional sanitario los prescribe, es ya cuando los enfoques no farmacológicos no han logrado buenos resultados en los síntomas que presenta la persona. 

Los medicamentos de este tipo —antipsicóticos— están indicados en agitaciones intensas que resultan muy incapacitantes, donde la persona está en peligro de autolesionarse o cuando puede herir a otras personas, o cuando el cuidador es incapaz de enfrentar la situación por otros medios.

Antipsicóticos y sus riesgos

Los antipsicóticos son medicamentos potentes que suelen causar: mareos, somnolencia, trastornos motrices que se asemejan al párkinson o presión arterial baja al ponerse en pie, entre otros. Entre sus efectos secundarios podemos encontrar el empeoramiento de algunos síntomas del alzhéimer, como la apatía, el aislamiento social y la incapacidad para pensar con claridad. 

Estos tratamientos pueden aliviar la agitación. Las dosis más bajas pueden hacer que la persona se sienta mas cómoda reduciendo ciertos síntomas, como las ideas delirantes, las paranoias, las alucinaciones o la hostilidad. El médico siempre debe informar con claridad sobre sus riesgos y beneficios, y de las consecuencias de no tratar los síntomas, reflejando en el historial clínico que ha proporcionado la información como la conformidad del paciente y/o familia. 

Alternativas a los tratamientos convencionales

Existen varios tratamientos dirigidos por profesionales para tratar la agitación en ancianos. Uno de los más conocidos y empleados es la estimulación cognitiva, que se basa en estudiar al detalle las capacidades mentales del paciente y saber cómo actuar en cada caso. Las personas con demencia pueden estimular su neuroplasticidad —es decir, la capacidad que nos permite aprender, adaptarnos y recuperarnos de lesiones cerebrales— a través del entrenamiento mental, cuyas técnicas logran una mejora funcional y social. 

Estos ejercicios también pueden realizarse desde la comodidad del hogar y bajo monitorización de un equipo profesional a través de la estimulación cognitiva online. El plan de telerehabilitacíón Activa-Mente puede ayudar a ralentizar el deterioro cognitivo a las personas que padecen neuropatologías, activando a través de ejercicios diez áreas del cerebro en base a los ejercicios personalizados que un/a psicólogo/a profesional considere más beneficiosos para la persona

Por otro lado, la estimulación psicomotriz es una técnica que tiende a favorecer por el dominio del propio cuerpo, la relación y la comunicación con uno mismo y con los objetos y/o personas con las que comparta espacio. Se trabaja tanto el entrenamiento físico como se incide en la importancia de la relajación, tanto del paciente como de la persona cuidadora. 

Monitoreo y ajuste de medicación

Tras conocer los riesgos de estos tratamientos farmacológicos, el médico debe reevaluar la efectividad del tratamiento periódicamente, limitando su uso a no más de 3 meses. Es por ello que, salvo si se aplica la dosis mínima, se recomienda una reducción gradual del 25-50% de la dosis cada dos semanas. En caso de que se observen anomalías, se debe volver a la toma previa e ir reduciendo un 10% de la dosis cada mes.

Nunca se deben retirar de un día para otro, pues podría provocar una recaída o un síndrome de retirada —caracterizado por náuseas, vómitos, sudoración, insomnio, síntomas psicóticos o discinesias, es decir, movimientos involuntarios de torsión que pueden afectar a las extremidades, el tronco o la cara—.

Agitación en personas mayores: entendiendo la diferencia

Ante todo, debemos saber que la agitación es un comportamiento inusual y ligado a las demencias, por lo que debe identificarse la causa y tratar de abordarlo de la mejor forma posible. La agitación suele esconder falta de incomunicación debido a la enfermedad, por lo que puede esconder un dolor, malestar o daños cerebrales derivados de la demencia

Particularidades de la agitación en ancianos

Aunque el malestar que experimente la persona suela ser uno de los desencadenantes, existen trastornos del sueño como la agitación nocturna, donde las personas que padecen este síndrome comienzan a alterarse y a presentar una ansiedad más elevada que en otros momentos del día. Tampoco hay que confundirla con los delirium, pues estos son puntuales y la agitación es un síntoma de demencias como el alzhéimer. 

Tratamiento específico para personas con demencia

Existen múltiples tratamientos —farmacológicos y no farmacológicos— para personas con demencia. Por norma general, es recomendable acudir a las opciones no farmacológicas, pues el empleo de medidas ambientales que favorezcan el entorno más adecuado y otras terapias que no recurren a medicación son las medidas más beneficiosas. Si el médico nos dice que los antipsicóticos son la mejor opción, debe informarnos de todos los riesgos y beneficios e ir reduciendo la dosis en función de cada caso. 

Consejos prácticos para cuidadores

Los cuidadores —tanto profesionales como no profesionales— deben saber que se enfrentan a una situación difícil, por lo que no deben pensar que si se produce un episodio de agitación es porque están haciendo algo mal. Cuidar a una persona con demencia supone exigencias emocionales, por lo que es normal experimentar enfado, agotamiento físico, frustración o culpa, síntomas propios del síndrome del cuidador

Manejo diario de la agitación

Para gestionar los episodios agitación en ancianos y tratar de relajar a la persona, debemos, ante todo, tratar de mantener la calma. Es imprescindible respetar su espacio, escucharla y hablar con ella sin gritos ni órdenes, y reconducirla en caso de desorientación. También podemos hacerle una promesa fácil de cumplir para que se relaje.

Si la persona mayor se mostrara violenta, debemos evitar el contacto visual directo, tocarle, movernos inesperadamente o coger a la persona por detrás. Hablar con pausas es importante, se sentirá más cómoda y sabrá que se encuentra en un espacio seguro. Debemos también emplear un lenguaje sencillo, y evitando negativas o palabras como «tranquilo/a», que podrían provocar el efecto contrario.

Apoyo emocional y redes de soporte

Son tan importantes las necesidades del paciente como las del círculo de personas que le cuidan, pues que uno de sus familiares padezca demencia provoca cambios profundos en la vida del cuidador. Perder el sentimiento de culpa e informarse sobre la enfermedad a través de asociaciones de familiares o de profesionales, puede ayudarles a saber cómo abordar mejor estos episodios.

La información que prestan estas asociaciones está para hacerles la vida más fácil y ayudarles a saber cómo actuar mejor. Que tampoco te dé miedo pedir ayuda a amigos u otros familiares, al igual que hacer preguntas a profesionales médicos, trabajadores sociales y a otras personas que te ayuden en el cuidado de tu ser querido. 

Conclusión y reflexiones finales

La agitación en ancianos con demencia es un síntoma complejo y difícil de tratar. Acudir a redes de cuidado, ya sea familiares o profesionales, pueden ayudar a gestionar la situación, siempre mostrando sosiego, empatía y paciencia para que los posibles episodios duren lo menos posible. Es importante conocer todas las alternativas para su tratamiento, y hacer caso a la prescripción médica respecto a cómo abordar la enfermedad, siendo lo más adecuado para la calidad de vida tanto de los pacientes como de las personas cuidadoras.  

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