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Qué es la demencia senil

20/04/2021

Joven cuidadora de rodillas sonriendo a una anciana con demencia senil en silla de ruedas

La demencia senil aparece en adultos a partir de 65 años y se caracteriza por ser un deterioro tanto cognitivo como físico y funcional. En este sentido, la demencia no es una enfermedad específica, sino una serie de síntomas causados por el cambio de las funcionalidades del cerebro, cuyas capacidades se van perdiendo de forma progresiva.

Sin embargo, este síndrome no es una circunstancia inevitable del envejecimiento y existen medidas que podemos llevar a cabo para prevenir o ralentizar ciertos factores de riesgo que pueden desencadenar el deterioro de nuestras facultades.

En este artículo te explicamos en profundidad qué es la demencia senil, sus síntomas principales, cómo evoluciona, sus causas y los tratamientos que existen, entre otras cuestiones.

Síntomas de la demencia

Los síntomas que aparecen en la demencia senil tienen que ver con las funcionalidades del cerebro, entre los más comunes que podemos encontrar son:

  • Pérdida de memoria.
  • Cambio de personalidad.
  • Pérdida de habilidades sociales.
  • Confusión y desorientación.
  • Dificultad para comunicarse, planificar y razonar.
  • Comportamientos inadecuados.
  • Paranoia, agitación y alucinaciones.

Al igual, la demencia senil también puede desencadenar o agravar otras afecciones, por ejemplo:

  • Trastornos del sueño.
  • Depresión.
  • Fallos en la coordinación motriz, es decir, problemas de movilidad.
  • Alto grado de dependencia.
  • Incontinencia urinaria y fecal.
  • Problemas de infecciones continuas o recurrentes por debilitamiento de las defensas.

Si nosotros o alguno de nuestros seres queridos presenta alguno de estos síntomas, como pérdida de memoria o desorientación, debemos acudir al médico para descartar o confirmar que es demencia senil. Además, algunas afecciones médicas tratables pueden causar síntomas de demencia, por lo que es importante determinar la causa preexistente.

Fases

Para empezar a saber qué es demencia senil, debemos conocer las tres fases que muestran cómo evoluciona esta patología. Debido a que se trata de una enfermedad progresiva, los síntomas que hemos explicado anteriormente se pueden manifestar o agravar según el estado de la demencia, que puede ser: inicial, media o avanzada.

Inicial

En esta primera fase, aún podemos realizar de forma independiente las actividades diarias, pero notamos pequeños detalles en nuestra rutina que nos hacen sospechar que es demencia. Entre los síntomas característicos de etapa inicial, los más comunes son:

  • Desorientación.
  • Olvidar los nombres de personas recién conocidas.
  • Pérdida de objetos cotidianos.
  • Problemas para encontrar las palabras adecuadas en una conversación.

Debido a que esta fase de la demencia abarca desde la normalidad hasta los primeros síntomas, es difícil saber cuándo empezamos a desarrollar esta enfermedad. Respecto a esto, existen alteraciones cognitivas que son propias de la tercera edad, como sutiles dificultades de memoria o de concentración, y que pueden confundirse con estar desarrollando un principio de demencia senil.

Media

La segunda fase, la más larga de las tres, es donde se suele acudir al médico, ya que es cuando las familias notan que hay algo mal en la salud cognitiva del mayor. Concretamente, dentro de esta etapa hay otras tres divisiones según los síntomas que presente el enfermo.

  • Demencia leve: dificultad para gestionar la economía personal y recordar hechos recientes, olvido de eventos, citas o compromisos sociales, problemas de orientación en entornos familiares, impulsividad, entre otros.
  • Demencia moderada: dificultad para realizar tareas complejas y para orientarse física y temporalmente, imposibilidad para recordar datos simples y problemas con las interacciones sociales.
  • Demencia moderadamente grave: deficiencias serias de la memoria y necesidad de ayuda para completar actividades diarias, cambios en la personalidad, como volverse más paranoico ansioso, problemas de conducta (agresividad o actos inadecuados) y de control de esfínteres.

Durante esta fase, los pacientes necesitan que alguien los supervise, ya que sus dificultades para realizar tareas domésticas pueden conllevar accidentes domésticos. En este sentido, servicios como la teleasistencia pueden facilitar la independencia y la calidad de vida en esta etapa no tan avanzada de la demencia. Por ejemplo, a través de actividades y asistencia domiciliaria 24 horas, es posible evitar el aislamiento social del mayor y prevenir accidentes.

Asimismo, en esta fase es común la deambulación del enfermo, que puede perderse por la ciudad y sufrir accidentes potencialmente mortales.

Avanzada

Por último, cuando la demencia está en su estado más avanzado, el paciente llega a necesitar la ayuda de los demás para sobrevivir. Es decir, el mayor pierde la capacidad de realizar por si solo actividades como comer, caminar o mantenerse erguido.

Al impedimento de llevar a cabo cualquier tarea se suman otros deterioros progresivos de capacidades que conducen al mayor a la dependencia total, por ejemplo:

  • Pérdida de la capacidad de comunicase, hasta el punto de que el paciente es incapaz de mantener una conversación.
  • Pérdida de la capacidad de reconocer a sus familiares e, incluso, a él mismo.
  • Pérdida de la capacidad motriz, afectando al caminar, a la deglución y a otras habilidades motoras.
  • Pérdida de la capacidad de sonreír, de las últimas que se pierde.
  • Pérdida de control de esfínteres, que se puede dar en la anterior fase de la demencia, pero en esta es inevitable.

Todos estos síntomas del deterioro cognitivo impiden el bienestar del anciano, aumentando su vulnerabilidad y fragilidad. Por este motivo, la demencia grave representa uno de los problemas más perjudiciales para la salud pública, ya que es una de las principales causas de dependencia en personas mayores.

Qué causa la demencia senil

Aunque no es la única causa, el envejecimiento supone uno de los factores de riesgo más significativos de desarrollar demencia. En este sentido, la mayoría de los tipos son poco frecuentes en personas menores de 60 años.

Esta patología es causada, principalmente, por el daño o la pérdida de las células nerviosas y sus conexiones en el cerebro, lo que explica qué es la demencia. En concreto, la mayoría de los tipos de demencia son degenerativos e irreversibles. En cuanto a la causa de estos deterioros cognitivos, pueden ser consecuencia de diversas enfermedades y lesiones que afectan al cerebro de forma primaria o secundaria.

  • Demencias primarias: las provocadas por enfermedades degenerativas que afectan al sistema nervioso. Entre las primarias, la más frecuente es la enfermedad de Alzheimer, seguida de la demencia con cuerpos de Lewy y la demencia frontotemporal.
  • Demencias secundarias: aquellas que se producen como consecuencia de otra circunstancia o enfermedad, siendo la más frecuente la demencia vascular, que es causada por una lesión cerebral daño cerebral que disminuye el flujo sanguíneo al cerebro.

Esto supone que, algunas causas de las demencias secundarias se pueden detener o revertir si se detectan a tiempo, incluyendo:

  • Tumores cerebrales.
  • Lesión cerebral.
  • Algunas infecciones del cerebro.
  • Abuso de alcohol crónico.
  • Cambio de los niveles de azúcar, calcio y sodio en la sangre.
  • Déficit de vitamina B12.

Dependiendo del área del cerebro afectada, el impacto y los síntomas de la demencia pueden ser distintos.

Cómo se diagnostica

Para diagnosticar la causa de la demencia, el médico debe reconocer el patrón de pérdida de habilidades y funciones, y determinar qué es lo que una persona todavía es capaz de hacer.

En el caso de la enfermedad de Alzheimer, existen biomarcadores para hacer un diagnóstico más preciso. Sin embargo, ninguna prueba puede diagnosticar la demencia por sí sola, por lo que es probable que los médicos realicen una serie de pruebas que ayuden a identificar el problema. Estas son las formas de diagnóstico más frecuentes que existen:

  • Pruebas cognitivas y neuropsicológicas: miden las habilidades del pensamiento, como la memoria, la orientación, el razonamiento y el juicio, las habilidades del lenguaje y la atención.
  • Evaluación neurológica: para comprobar la memoria, habla, percepción visual, atención, resolución de problemas, movimiento, sentidos, equilibrio, reflejos y otras áreas.
  • Exploraciones del cerebro: para verificar si hay evidencia de accidente cerebrovascular, sangrado, tumor o hidrocefalia, mediante una tomografía computarizada o resonancia magnética.
  • Análisis de laboratorio: algunos análisis de sangre permiten detectar problemas físicos que pueden afectar la función cerebral, como la deficiencia de vitamina B-12 o la hipoactividad de una glándula tiroidea.
  • Evaluación psiquiátrica: a través de la que un profesional de salud mental puede determinar si la depresión u otra afección de salud mental contribuye a los síntomas.
Joven enfermera realizando un examen físico a una mujer mayor para el diagnóstico de demencial senil
Para diagnosticar la causa de la demencia, el doctor revisa los antecedentes médicos, los síntomas del enfermo y realiza un examen físico.

Tratamiento

Es cierto que la mayoría de los tipos de demencia no tienen cura, pero hay formas de controlar los síntomas. En primer lugar, una vez hemos sido diagnosticados de demencia senil, el médico puede recetarnos una serie de medicamentos, siendo los más comunes:

  • Inhibidores de la colinesterasa. Estos fármacos sirven para mejorar el estado de la memoria y el razonamiento.
  • Memantina. Es un medicamento que regula la actividad del glutamato, otro mensajero químico involucrado en las funciones cerebrales, como el aprendizaje y la memoria.
  • Medicamentos para tratar otros síntomas o trastornos, como depresión, alteraciones del sueño, alucinaciones, parkinsonismo o agitación.

Además de la medicación, otro tratamiento son las terapias, que sirven para tratar varios síntomas de demencia y problemas de comportamiento. Entre estas medidas no farmacológicas podemos encontrar:

  • Terapia ocupacional. El objetivo de estos tratamientos es prevenir los accidentes, como las caídas, controlar el comportamiento y preparar para el transcurso de la demencia a los afectados por esta enfermedad. Con este objetivo, los terapeutas muestran una forma de hacer que el domicilio del anciano sea más seguro y enseñan estrategias de afrontamiento para los familiares y el propio paciente.
  • Modificar el entorno. Reducir el desorden y los ruidos puede hacer que a una persona con demencia le resulte más fácil concentrarse y actuar.
  • Simplificar las tareas. Dividir las tareas en pasos más simples y concéntrate en el éxito, no en el fracaso. La estructura y la rutina también ayudan a reducir la confusión en las personas con demencia.

Para conocer más formas de tratamiento para este tipo de patologías, puedes consultarlas en nuestro artículo: Cómo calmar a una persona con demencia senil.

Riesgo y Prevención

Aunque, como ya hemos explicado, hay factores genéticos que no podemos modificar, sí que podemos llevar a cabo medidas para evitar o al menos retrasar la aparición del deterioro cognitivo o demencia senil. Es decir, a través del control de ciertos factores de riego es posible prevenir ciertos tipos de demencia, estas circunstancias peligrosas son:

  • Enfermedades cardiovasculares.
  • Consumo de tabaco.
  • Hipertensión.
  • Desnutrición.
  • Colesterol.
  • Sobrepeso.
  • Estrés y depresión.
  • Lesiones y traumatismos en la cabeza.

Además de evitar los factores de riesgo anteriores, también podemos realizar otras rutinas saludables para prevenir el deterioro cognitivo, siendo las más recomendables:

Con estas medidas generales podemos reducir considerablemente el riesgo de desarrollar demencia senil. Sin embargo, es importante tener en cuenta los factores genéticos y ambientales que no se pueden modificar. Por este motivo, debemos estar alerta ante los primeros síntomas de deterioro cognitivo para acudir al médico y poder establecer medidas terapéuticas adecuadas.

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